Educación bastardeada

Abusos y complicidades en las casas de estudio.
Un hecho social que cuestiona la relación entre familia y educación.
Metamorfosis de criterios
Con el paso del tiempo, los criterios de familiar cambiaron.
Los mismos, encuentran sus primeros antecedentes en la Revolución Industrial y francesa, dado que ambas, generaron modificaciones en el orden familiar y educacional.
Porque con el advenimiento de la modernidad, la familia se secularizó.
La vida de los seres humanos comenzó a experimentar un proceso de secularización en el cual la religión pasó a ocupar otro lugar. Y si bien no quedó relegada, dejó de ser centro, dándole espacio al individuo. Quien ahora se ubica, en el centro de la escena.
Como consecuencia de esas movilizaciones, el hombre trabaja en su subjetividad. Razón por la cual, se modifican las construcciones de sentido.
La dialéctica
De un tiempo a esta parte, la educación, también experimentó cambios.
Los cuales, mantienen íntima relación con los nuevos modos de pensar y constituir la familia.
Los imponderables de la vida cotidiana, sumados a las transformaciones que se produjeron en lo laboral, contribuyeron a que los padres relegasen, en varias oportunidades, la educación total de los niños a la escuela.
Esa decisión, es equívoca, puesto que los usos y costumbres que los niños tienen que internalizar en las casas, nada tienen que ver con el tiempo completo.
Son modales que se enseñan y practican en escenas de la vida cotidiana. Como ser, en el aseo, el comportamiento a la hora de sentarse a la mesa, en las formas de presentarse ante alguien, etc.
Todo ello, tiene que ver con la socialización primaria de la criatura.
En condiciones ideales, los chicos nacen en el interior de una familia constituida por el papá y la mamá. Lo que sería la familia núcleo.
Ambas figuras, tanto juntas como separadas, deben delimitar roles y ejercer prácticas comunes para que los cimientos sean fuertes y el niño puede pasar a la socialización secundaria.
Un ingreso claro para que pueda interactuar con sus otros referentes.
Recordemos que desde el nacimiento, la educación es parte del crecimiento.
Si eso no sucede, el paso a la interacción con otros chicos puede complicarse, dado que existe una tendencia sostenida a la copia. A imitar acciones. Algunas de ellas, contrarias a la tradición.
Que pueden ser perjudiciales para una evolución sana.
La necesidad de crear un espacio de diálogo abierto, en el que los menores se sientan contenidos y comprendidos por su familia, es indispensable para evitar ciertos males.
El estar detrás no es sinónimo de ejercer un tipo de educación sin libertad. Al contrario.
Seguir sus pasos estando al pendiente de las necesidades consolida relaciones.
Reparar en sus estados de ánimo, al mismo tiempo que indagar sobre eventuales distorsiones en los parámetros normales de conducta, conlleva, implícitamente, límites.
Alertarlos de la existencia de un control.
El no poder hacer cualquier cosa.
Respetar horarios y las obligaciones impuestas en el seno familiar y llegado el momento, en la escuela, ya que entre ambas esferas, existe una relación dialéctica.
Distorsiones y confusiones
El menor esfuerzo es una de las premisas que muchos adolescentes han adoptado.
No querer estudiar o renegar por las tareas impuestas en las casas de estudio es un criterio por el que optaron aquellos jóvenes que creen que la vida es un carnaval.
Ellos, forman parte de la sociedad violenta en la que vivimos.
Sienten que la educación y los topes que ponen los padres, en lugar de ser un beneficio a futuro, son un recorte de su libertad. Eso se debe a que tienen una confusión sobre la libertad y el abuso de la libertad obtenida.
Suelen ser rebeldes y contestarios sin medir consecuencia, dado que creen ser, verdaderamente independientes, por tener 18 años.
Abusos y complicidades
Actualmente, los medios de comunicación informaron acerca de los abusos ejercidos sobre niños en jardines de infantes. También sobre las relaciones sexuales entabladas entre profesores y alumnas en escuelas secundarias.
Todo ello, pone de manifiesto la crisis por la que atraviesa la sociedad y la educación. Falta de controles por parte de los organismos que deben seleccionar a los educadores, perversidad de estos últimos, indiferencia en los hogares y adolescentes que intercambian sexo por buenas notas.
Un estado de situación que revela la descomposición social a la que asistimos como consecuencia del mal manejo de las instituciones y la indolencia de alumnos y algunos padres.
Por ejemplo, existe una carencia de rigurosidad en exámenes psicológicos en personas que están al frente de infantes.
Pequeños, que por el abuso deshonesto de degenerados tienen su vida marcada para siempre, considerando que existe algo que se llama huella mnémica.
Indefensos que no pueden elegir qué hacer. Que no pueden decidir. Que solo pueden esperar el darse cuenta de los padres y en el caso de los niños un poco más grandes, dar señales de lo que sucede.
Otro es el caso de las jóvenes que deciden tener relaciones sexuales para no estudiar.
Recibir una comprensión desmedida de sus padres es un error.
Deberían recibir la sanción correspondiente.
Volcar la culpa solo en los profesores es un error.
Es no renocer que hay una falla que se arrastra desde el hogar.
Una cosa es abuso y otra, es complicidad.
La promiscuidad es de ambas partes en este caso.
Son cómplices de un acto que es consentido.
Tal como sucedió en el Colegio de Escobar.
Eso demuestra, que debe llevarse a cabo un replanteo educacional y también moral.
Ver que es lo que ha sucedido en el seno familiar para que una joven realice videos pornográficos que evidencian placer y no obligación y presión. El tiempo que desgastan degenerando su mente y faltándole el respeto a su cuerpo, podrían invertirlo en estudio.
Es decir, si en su momento intercambiaron sexo por notas, cuando deban trabajar ¿qué harán?
Por deducción de conducta y de no ser tratadas debidamente, el sexo será a cambio de dinero.
En sus mentalidades, lo que prima es el facilismo. Cuando en realidad, sus actos, trascienden esa creencia. Por tales motivos, ver a los padres de las chicas del colegio de Escobar horrorizados por lo sucedido, es anecdótico.
De ser padres presentes y concientes, intuir que algo raro sucede, no es complicado.
Saber si sus hijas estudian o no, tampoco.
El tiempo invertido se evidencia cuando se toma la lección y en los comentarios que se realizan.
Entonces, si las notas buenas llegan en los boletines y no se evidencia un trabajo en la casa que pueda constatar dichas notas, algo sucede.
O el nivel de educación escolar es malo y no hay controles en la dirección.
O bien, existe algo oculto sobre lo que se debe investigar.
En síntesis, por una u otra razón, la educación argentina, cada día, está más bastardeada.

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