La autárquica izquierda

El conflicto en la UBA, el Pellegrini y el reclamo deportivo.
La Universidad de Buenos Aires (UBA) siempre ha sido un espacio que combinó política con estudio.
Claustros universitarios que por momentos, uno debía detenerse para observar, si eran casas de estudio o casas que reunían diversas agrupaciones políticas que en su mayoría, son de izquierda.
La facultad de Ciencias Sociales, al igual que la de Filosofía y Letras, Psicología y Economía son las universidades que encabezan el ranking con más “compromiso” por hacer valer derechos y adquirir otros.
Pero algo paradójico sucede.
Y tiene que ver con una brutal contradicción que se genera en la acción de todos aquellos que siempre se proclaman en su retórica contra todo.
Es decir, muchos integrantes de los centros de estudiantes, o bien algunos de los militantes de partidos como el PTS se presentan como eternos estudiantes.
Son aquellos que pueden llegar a alcanzar una década dentro de cualquier facultad.
Ellos, no son estudiantes.
No obstante, ese rótulo les sirve para canalizar demandas que forman parte de un imaginario que ha trascendido la utopía para convertirse en un concepto límite.
Porque si bien es cierto que las mejoras salariales deben producirse, lo mismo que otros válidos reclamos, también es cierto que la FUBA no puede pretender intervenir en la subjetividad de todos los miembros de la Universidad imponiendo una voluntad.
La de ellos.
Hay que respetar las jerarquías y las elecciones que se llevan adelante.
De lo contrario, ellos mismos recaen en lo que tanto critican, las actitudes autoritarias.
Modos extremos que no son buenos ni de un lado ni del otro.
Hoy el Colegio Carlos Pellegrini se encuentra tomado.
No dejan pasar al nuevo rector, el señor Juan Carlos Viegas.
Los padres de los alumnos lo acusan de generar violencia cuando en realidad, la violencia parte de los estudiantes.
Muchos de ellos manipulados por la FUBA y por la nostalgia guevarista y castrista.
Otros, sumidos en la rebeldía y en ese poder y estampa distinta que consideran les otorga, ser de izquierda.
Chicos, en su mayoría, que no tienen idea de que es izquierda o derecha, puesto que de saber, no cometerían los actos irracionales que cometen.
Pretenden hacernos creer que son personas abiertas al diálogo pero no lo son.
Quienes caminamos por la Universidad de Buenos Aires, y estudiamos en algunas de las Facultades, tomamos conciencia que todos los partidos que se auto titulan de izquierda poseen un pensamiento autárquico.
Ellos siempre tienen “razón” y están con el pueblo. Con las masas.
A ellos, hay que decirles que ser de izquierda no es sinónimo de tomar espacios.
No se homologa la lucha por los derechos con el montaje de un rancho por ejemplo, cuando decidieron acaparar el rectorado. Un lugar que fue convertido en un espacio en el cual, se comía, algunos se drogaban y otros, mantenían relaciones sexuales.
En ese espacio, quienes verdaderamente queríamos estudiar al mismo tiempo que ayudar en el reclamo por un edificio único de Sociales, debíamos escuchar al profesor.
Son diversos los ejemplos que pueden darse.
En la Facultad de Ciencia Sociales que los militantes del PTS al momento de votar, buscan coaccionar a los alumnos para que el voto vaya para ellos.
Se degenera la política al tiempo que se degeneran muchas de las personas que no han entendido que la izquierda nada tiene que ver con ser contestario compulsivo.
Tampoco es una moda.
La ideología es una convicción bien entendida.
Se puede dejar que las autoridades cumplan con sus obligaciones y que los estudiantes estudien sin necesidad de vaciar las aulas.
Porque las aulas vacías nos convierten en rehenes de la mediocridad.
Del pauperismo mental.
Se puede reclamar sin necesidad de anular el conocimiento porque para algo, cuatrimestre por cuatrimestre, egresados del secundario se anotan en distintas carreras.
La idea es combinar estudio con reclamo.
Que la universidad no sea un reservorio de parásitos que se creen que por ser parte de una Facultad son más que el resto.
Estar en un lugar, no significa ser parte.
Ser parte es comprometerse con la obligación adquirida.
Estudiar, no vaciar las aulas y entablar un diálogo que tenga una línea coherente.
Los estudiantes, la FUBA y los partidos de izquierda no pueden ocupar todos los cargos.
Es necesario respetar las investiduras.
Entender que con agravios y violencia, el problema que desde hace años arrastra la UBA no se solucionará.
En síntesis, internalizar que la acción bárbara no es la vía.
Que las imágenes de violencia desvirtúan a todos los integrantes de la Universidad.
Y que seguramente, la flexibilización verbal, sea una de las alternativas más funcionales para no seguir por el indefinido camino de las acusaciones.
Para desterrar la sensación de que en la UBA, los reclamos, ya son un deporte.

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