Así no, Señor Nun

La descalificación de lo popular en el ámbito de un gobierno progresista.
Extensión de los cuestionamientos
Las opiniones encontradas acerca del reality “Gran Hermano” han llegado también, a la voz del Secretario de Cultura de la Nación, José Nun.Quien tuvo frases muy fuertes contra el reality.
Comprensible en un punto al tiempo que despreciativa, las declaraciones de Nun ponen en cuestionamiento la retórica de un gobierno “progresista.”
Aquel que por momentos, se convierte en intolerante.
De acuerdo a las necesidades y a la funcionalidad de los hechos.
GH en el medio
“Gran Hermano” no debe ser juzgado por quienes lo miran sino por los modos de proceder de quienes participan.
Tampoco por quienes lo producen. Es decir, el televidente se embarca en la vorágine televisiva por ser voyeur y buscar en la misma el refugio que la abstrae de los imponderables de la vida cotidiana. Los productores al tiempo que los canales, operan con los reality, dado que los mismos representan un negocio que continúa con su proceso de ganancias hasta en el largo plazo.
No es solamente estar en la casa. Es el afuera. El después del encierro.
Tapas de revistas, promociones, canjes, desfiles, notas.
Y los que tienen más suerte, o son más hábiles, llegan a participar en obras teatrales así como en otros espacios del medio del espectáculo. La Gran Degradación se produce en el interior de la casa y de eso, se han encargado los participantes.
Entonces, los degradados, no son los televidentes.
Ellos miran, escuchan y atienden a un formato que aunque moleste, atrae.
A veces, el desgano y la promiscuidad, son características que atraen a los receptores.
Convengamos, que el morbo forma parte de los parámetros que nos rigen como sociedad. Razón por la cual, la crítica de Nun no puede sostenerse.
No coincide con la lógica impuesta por la televisión que encuentra legitimidad en el televidente.
El Secretario de Cultura definió a “Gran Hermano” como una porquería. Por carácter transitivo, la elección popular es una porquería, entonces, el individuo mismo es una porquería.
Si de la audiencia se trata, Nun, tiene que saber que lo único que la misma le otorga al programa es rating.
Lo cual, no es un dato menor. Al contrario. Quienes miran el reality, no buscan experimentar ningún tipo de experiencia.
Simplemente, ver.
Como sucede con tantos otros programas.
La experiencia la buscan los chicos del adentro. Aquellos que entran a la casa en busca de fama y que conocen que lo que se vende, no es absolutamente literal.
En un punto, el reality está arreglado y la gente, no es tonta.
Siguiendo la lógica discursiva de Nun
“Se pueden hacer buenos programas de TV; propuestas culturales que tengan 20 o 30 puntos de rating. Nosotros tenemos varios formatos para difundir, que mezclan ficción con documental.” A esta declaración amerita una pregunta:
¿Cuánto miden los programas culturales emitidos por la hoy llamada televisión pública?
No superan los dos puntos. Si es que a ellos llegan.
La postura intelectual con la que dice hablar Nun, no parece ser tal. Mucho menos en él, que forma parte de un gobierno progresista que se encuentra, supuestamente, del lado de lo popular.
Algo que él ningunea y descalifica por sus elecciones televisivas.
Muchas de ellas, personas que seguramente, fueron las que le dieron el voto a Kirchner, el presidente que le asignó su rol de funcionario.
Por lo tanto, si se continúa con su lógica, se entiende que para él, los televidentes son seres no pensantes.
Que la sociedad adolece de pensamiento crítico al mirar “Gran Hermano” y no consumir los programas culturales.
Intelectuales y opinólogos
Hay que tener cuidado al momento de autodefinirse como intelectual, puesto que la línea que divide a esa palabra con la de opinólogo, es muy delgada.
Porque definir al reality como la jibarización del cerebro y del pensamiento humano es no haber comprendido aún, los procesos sociales y urbanos que se han producido desde hace décadas y que llevó a la sociedad de consumo a optar por esos programas.
GH tiene semejanzas, por ejemplo, con “Bailando por un sueño.”
Otro show que mide muy bien y en el cual se producen situaciones paupérrimas y violentas que marcan las tácticas y estrategias de la nueva televisión que no sólo se acomoda al rating, sino también, a las demandas del público.
Nun supo decir que en Argentina los casos de analfabetismo son aislados. Tendría que pensar Nun, que sus epítetos acerca de "Gran Hermano", se transfieren a las personas que consumen ese programa.
Por una cuestión de simple interpretación, portan cierto tipo analfabetismo mental al llevar a cabo tal elección. Pues entonces, algo falla.
O usted, o las seis millones de personas que se debaten entre TELEFE y el canal de Constitución.
Entre GH y bailando.
Progresismo intolerante
A causa de las declaraciones, se abren un sinfín de interpretaciones.
Pero la que más visible, tiene que ver con la descalificación de lo popular.
Con la subestimación del televidente y la consagración de aquel que dice hablar como intelectual y no como funcionario.
Ahora bien, desde ya que “Gran Hermano” no es ejemplo de nada ni nadie.
Es solo una elección de las tantas que puede hacerse en la Caja de Pandora.
Sucede, que el público opta por programas que se emiten en otros canales.
No en canal siete.
Razón por la cual, en esta ocasión, lo popular no le es funcional al señor Secretario de Cultura, tampoco lo es para el gobierno en general.
Evidentemente, la televisión puede manipular más que la retórica que hoy por hoy, se muestra intolerante para con la gente. Cultura popular que se suma al discurso de la venganza.
A la eterna pasadilla del pasado. Eso, en materia política.
Sin embargo, en gustos y preferencias mediáticas, le da la espalda. Y no precisamente porque haya una jibarización de sus cerebros, dado que con ese criterio, quienes siguen a Kirchner en su dinámica aislacionista y vengativa, también padecen lo mismo.
Lo mejor, es llevar adelante un replanteo en las declaraciones y en la utilización de los conceptos. La libertad de elección, no es sinónimo de manipulación o recorte del pensamiento.
Por lo tanto, así no, Señor Nun.

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