Inundados

La furia de la naturaleza y la falta de previsión.
Hombre y naturaleza

Las modificaciones que el hombre ha llevado adelante para cambiar el curso natural de las cosas conllevan costos que pueden verse en el corto y mediano plazo.
El enfurecimiento de la madre naturaleza arrasa con todo lo que encuentra a su paso. Así, las poblaciones devienen en tristes espacios destruidos por el agua, la nieve, las sequías, las erupciones volcánicas, maremotos, sismos, terremotos, etc.
Comunidades enteras devastadas por algunos fenómenos climáticos que no tienen piedad y pauperizan zonas de modo alarmante.
Promesas incumplidas
Preocupa la actual situación de las Provincias de Entre Ríos y Santa Fe por la brutal crecida del Río Paraná. Evacuados y auto evacuados escapan de la barbarie que produjo la crecida y que los llevó a experimentar, desde otro lugar, la lógica del despojo.
Una lógica casi imposible de remontar porque depende de la naturaleza que ha sido manipulada por el mal uso del poder de los hombres.
Entonces, las inundaciones se convierten en uno de los dramas más temidos por las sociedades en general. Al tiempo que se profundiza en aquellas que ya han experimentado la desesperación y las consecuencias de las mismas.
Porque los inundados, deben enfrentarse al durante y al después.
Se alcanza una miseria material auténtica y una desmoralización frente a la ayuda prometida que no llega, o bien, que no se reparte.
El sistema, parece despojarlos, hasta de sus derechos primarios.
Al grave problema de las inundaciones se le suma el tema de la repartición de ayuda, de la cual, debe encargarse el Gobierno Provincial y Nacional. Además de la solidaridad de agrupaciones no gubernamentales sin fines de lucro que se solidarizan con los damnificados.
Sin embargo, sucede que esa ayuda obligatoria, a nivel gubernamental, a veces, no llega y de llegar, no logra cubrir las necesidades básicas.
O se guarda recelosamente, vaya uno a saber por qué, en un galpón.
Tal como sucedió en las anteriores inundaciones de Santa Fe.
Inundaciones que produjeron un quiebre en el orden social y político de la provincia.
La credibilidad política, desde aquel entonces, se puso en jaque. Y los interrogantes y dudas que rondan la persona de quien por aquel entonces era Gobernador, no cesan. Al contrario.
Promesas sostenidas que nunca se cumplieron acabadamente.
De haberlas cumplido, hoy el campo, no sería lo que es.
Alejarse
Bajo estas circunstancias el desamparo deja de ser una sensación y deviene en una demencial realidad.
Las enfermedades no tardan en llegar y la destrucción de la moral colectiva pone en riesgo la estructura social. Es decir, los estragos de la naturaleza se conjugan con el aprovechamiento del hombre. De por sí, voraz.
Y a pesar de la resistencia que anteponen los inundados en no abandonar lo poco que les queda, deben hacerlo.
Están obligados a alejarse por el bien de ellos.
Paradigmas
Una constante argentina es, que las acciones no sean equivalentes a la retórica. Por tal motivo, los inundados también pierden la creencia hacia el otro.
Incluso, hacia el otro semejante, puesto que en este tipo de desgracias se pone de manifiesto la lucha entre pobres; la lucha entre quienes han podido salvaguardar algunos de sus bienes y los que no.
La condición humana en su construcción subjetiva cambia el paradigma vigente.
El de la desigualdad social.
Un paradigma que se entrecruza con el de la inseguridad.
La cual, se encuentra presente en todas las esferas de la vida.
Volver a empezar
Actualmente, miles de cabezas de ganado flotan por el río revelando la crueldad de la crecida y la poca previsión del sistema agropecuario.
Otras tantas, intentan sobrevivir como sea.
Se alertó con tiempo sobre la posible crecida del Río Paraná en diciembre del año pasado.
A pesar de ello, lo único que existió fue indiferencia, inoperancia. Desinterés.
Todo podría haberse evitado. No la crecida. Sí, el descalabro con los animales y las personas que viven de lo que el campo les da.
El Gobierno de Obeid tiene la obligación de dar soluciones.
Porque mientras ellos arrastran inoperancia, las inundaciones se convierten nuevamente en una pesadilla.
Pesadilla de entrerrianos y santafesinos. Ellos, que otra vez, tienen que volver a empezar.
Seguramente, con menos fuerzas por los golpes ya recibidos.
Con mayor desconfianza. Pero comenzar al fin y una vez que las aguas, comiencen a bajar.

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