El paraíso de los inocentes

La frase de Sobisch y los que no lo dicen pero se identifican.
Es curioso como los individuos acomodan posiciones según sus conveniencias.
Sobre todo, en materia política.
Como se vuelven sujetos sujetados más allá del sistema que los cobija.
De encuentros y desencuentros; de alianzas y traiciones, se conforma el panorama político argentino. Aquel que nos sorprende al tiempo que nos desconcierta.
Que nos llama la atención, ya que no se entienden cuáles son los valores y los principios que rigen a todos aquellos que pretenden dirigir la Nación, la ciudad, el conurbano, etc.
Frases desafortunadas que pueden ser motivo de jocosidad y picardía en una charla de café, se vuelven intolerables para una sociedad golpeada.
Y no precisamente, como hace alusión el gobierno desde la dictadura del ’76 y los años ’90.
Desde mucho tiempo antes, Argentina, comenzó a asistir a una debacle que se caracterizó por tener períodos de estancamientos, luego de despunte.
Y otra vez, abajo. Períodos cíclicos.
Lo ficticio ha sido gran parte de nuestra historia.
A la que hoy se suma, la retórica oficial de la venganza y el resentimiento.
Discursos que pretenden ser alegóricos a través de un juego ambiguo que invita a la “oposición” y a quienes no acuerdan con el gobierno de turno a la violencia.
Porque la violencia no es una acción privativa de la fuerza física. Va mucho más allá.
Es un estado que puede ser más doloroso cuando es verbal.
Así, es como los argentinos vivimos en un caos de dimes y diretes. De me dijo, le dije, le digo.
De inestabilidad, debido a la falta de claridad y sentido de todo los que quieren entrar en la movida electoral.
De los que ya están pero que no saben si ir por la capital, la provincia o la nación.
Aunque la apatía, también se hace presente.
Y se evidencia en todo su esplendor cuando la “oposición” es débil.
En algunos casos, hueca. Hasta volátil.
Todos contra Kirchner, y Kirchner, contra todos.
Esa es la dinámica.
Pero vale destacar, que es el ritmo que impuso éste gobierno mediante la soberbia jactanciosa. Por ende, ahora, hay que sobrellevar las críticas y ser consecuente con lo que se supo decir si se adolece de la capacidad de saber reconocer errores y pedir disculpas.
Por ejemplo; Sobisch, precandidato a Presidente y actual Gobernador de Neuquén dijo:
“Puede ser mejor un corrupto que un pelotudo.”
Una frase interesante para la Argentina de nuestros tiempos.
Porque si bien la corrupción ha existido siempre, de un tiempo a esta parte, se ha profundizado.
Sucede, que es menos brutal cuando el discurso se escuda en el populismo que devino en progresismo.
Una frase poco atinada para un precandidato pero que en cierto modo refleja lo que piensan y comentan en el ámbito de lo privado las personas que trabajan más de nueve horas por días por un sueldo que no es superior a los 1200 pesos.
Estudiantes universitarios que trabajan por un sueldo de, a lo sumo, 500 pesos.
Tal es lo que suelen pagar algunos estudios de abogados a sus secretarias. Y todo, en negro.
Mientras otros, tal vez no corruptos pero con otra suerte y contactos, logran muchísimo más y en menos tiempo.
Las diferencias son abismales.
Lo mismo que la brecha entre los que tienen y los que no tienen.
La declaración de Sobisch, tal vez, sin quererlo, es la declaración que personas no públicas piensan. Razón por la cual, la misma, puede enfocarse desde otro punto de vista que no sea el de defenestrar por escrito y verbalmente al candidato.
En tal caso, directamente, no se lo vota.
Y una vez más se demuestra, que cuando el pensamiento está bien arraigado, es decir, hasta la convicción, es difícil de frenarlo en la oratoria.
En síntesis, horrorizarse no es el camino.
Tengamos en cuenta que el actual gobierno de los derechos humanos no es precisamente el paraíso de los inocentes.
A pesar de que se empeñen en hacerlo creer.
Todos los políticos tienen alguna frase que los condena. Si no las saben o recuerdan, lean la nota publicada por el espacio digital Urgente 24 sobre los dichos del neuqino.
Porque el paraíso de la pureza y la inocencia no tiene cabida en la Argentina de los tiempos modernos del kirchnerismo.
Como tampoco la tuvo antes.
Y seguro y tristemente, tampoco ese paraíso existirá de seguir por esta vía.
La del eterno pasado culpable.

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