Recordatorio a Rodolfo Walsh

23 de marzo de 2007

A 30 años de su muerte se lo recuerda desde el blog y a través de su figura se analiza la importancia de la libertad en el campo periodístico.
A lo largo de la historia, los contextos político-sociales han ido determinando las diversas formas de concebir y mostrar el arte.
La literatura al igual que la pintura, constituyen dos formas de expresión artística que se han visto confinadas a las etapas por las cuales atraviesa el artista y al medio social en el cual se haya inserto.
Tanto es así, que la sociología como disciplina y en especial, la sociología del arte, nos permite poner en correlación la obra y el medio en el que se produce.
Es decir, conocer la relación que se establece entre el arte y la sociedad.
Pensar el arte desde la sociología implica pues, considerar un campo de tensiones, en el cual se disputan valores materiales y simbólicos.
De este modo, comprender globalmente la estructura del campo artístico y las obras que en él se realizan, es una tarea fundamental para el investigador.
Razón por la cual, el campo intelectual permite considerar el campo artístico como un sistema de relaciones que incluye obras, instituciones mediadoras y agentes determinados por su posición de pertenencia dentro del campo.
Aquellas que son irreductibles a sus propiedades intrínsecas. Entonces observamos como el arte y la cultura, se presentan como dos categorías sumamente relacionadas que, entablan vínculos con las demás esferas de la vida.
Porque el arte es inseparable de la realidad social, económica, política y cultural de los diversos países.
Actualmente el arte desempeña un rol fundamental no solo en lo que respecta a la reconexión de la sociedad, sino también, en lo que hace a la reorganización del tejido social deshecho por la mercantilización de las relaciones y por la violencia.
El arte es producto de la imaginación creadora, pero a su vez es problematizadora de lo real, de los acontecimientos que ocurren en una sociedad.
Se produce una combinación entre lo subjetivo y lo objetivo en el mundo de la literatura y la pintura; es por ello que podemos preguntarnos:
¿Por qué el hombre realiza cultura?
La respuesta la encontramos en la búsqueda que realiza el ser humano.
Esto es, el hombre realiza la cultura porque en ella conquista un fin que considera valioso, por un lado, porque se transmitirá de generación en generación y por otro lado, porque el valor es el contenido de la cultura.
Algo que el hombre busca, anhela y pretende conquistar en su tarea.
El Rol Del Periodista en Momentos de Conflicto Social
Entre los años 1955 y 1977, encontramos la función del periodista como intelectual.Hay una conversión del papel del periodista.
Sobre todo, de aquellos que entran en escena con un discurso contra hegemónico. Periodistas que intentaban, desde el campo intelectual, producir una “verdad” que no reprodujera el orden social establecido. Rodolfo Walsh fue uno de esos y lo hizo desde la literatura y el periodismo en los años de las dictaduras militares (1955-1977, año de su asesinato).
A partir de ello se comprende como en momentos no democráticos el poder político como campo externo al campo intelectual, infiere en el imponiendo lo aceptable y lo no.
Lo que se puede y no se puede decir. Fundamentalmente, el periodismo es esencial para la reproducción y la legitimación de la realidad social. Realidad que viene dada desde la clase hegemónica, clase que detenta el poder político y económico y que en años dictatoriales su poder ha sido sostenido gracias a tener el monopolio de la fuerza física y simbólica.
El uso que ha hecho el poder del periodismo es funcional para crear una cultura hegemónica.
Las formas que adquirió el periodismo en esas épocas han sido diversas y la fuerza del periodista depende del lugar que ocupe dentro del campo periodístico.
Aunque también, del contexto histórico en el que se plantee.
En síntesis, el lugar que ocupa el periodista dentro del campo está determinado por su capital específico, en relación a lo que está establecido como hegemónico.
Esto último se define a partir de la coyuntura específica.
Para poder ocupar otro lugar es necesario que se planteen las luchas dentro y fuera de los campos; luchas que responden a una necesidad de redefinir lo que está en juego.
Cierre artístico
El arte (en cualquiera de sus manifestaciones) tiene un impacto social.
Se reconoce la importancia del arte en las distintas esferas de la vida para la creación de subjetividades. Porque el arte es un sistema que nos permite entrar en el mundo, conocer acerca de él y expresarnos.
Esa relación entre la historia y la subjetividad del artista es la que media la relación entre el artista y su público, entre la realidad social y la subjetividad de los individuos.
Definitivamente, desempeña un papel social.
Y la subjetividad del artista expresada en sus obras da vida a ello. De esta manera, la creación del género literario (Periodismo ficcional) le sirvió a Walsh para denunciar y relatar todos y cada uno de los hechos que iban sucediendo en la Argentina dictatorial.
Frente al recorte de la libertad de expresión, se presentó como figura reveladora del campo intelectual argentino.
Rodolfo Walsh, un hombre sobre el cual, mucho se ha hablado y escrito.
Aquel que constamente, buscó la forma de repudiar la realidad que le tocaba vivir.
Su principal modo, fue la reivindicación de la literatura como forma de expresión y catarsis.

Inundados

21 de marzo de 2007

La furia de la naturaleza y la falta de previsión.
Hombre y naturaleza

Las modificaciones que el hombre ha llevado adelante para cambiar el curso natural de las cosas conllevan costos que pueden verse en el corto y mediano plazo.
El enfurecimiento de la madre naturaleza arrasa con todo lo que encuentra a su paso. Así, las poblaciones devienen en tristes espacios destruidos por el agua, la nieve, las sequías, las erupciones volcánicas, maremotos, sismos, terremotos, etc.
Comunidades enteras devastadas por algunos fenómenos climáticos que no tienen piedad y pauperizan zonas de modo alarmante.
Promesas incumplidas
Preocupa la actual situación de las Provincias de Entre Ríos y Santa Fe por la brutal crecida del Río Paraná. Evacuados y auto evacuados escapan de la barbarie que produjo la crecida y que los llevó a experimentar, desde otro lugar, la lógica del despojo.
Una lógica casi imposible de remontar porque depende de la naturaleza que ha sido manipulada por el mal uso del poder de los hombres.
Entonces, las inundaciones se convierten en uno de los dramas más temidos por las sociedades en general. Al tiempo que se profundiza en aquellas que ya han experimentado la desesperación y las consecuencias de las mismas.
Porque los inundados, deben enfrentarse al durante y al después.
Se alcanza una miseria material auténtica y una desmoralización frente a la ayuda prometida que no llega, o bien, que no se reparte.
El sistema, parece despojarlos, hasta de sus derechos primarios.
Al grave problema de las inundaciones se le suma el tema de la repartición de ayuda, de la cual, debe encargarse el Gobierno Provincial y Nacional. Además de la solidaridad de agrupaciones no gubernamentales sin fines de lucro que se solidarizan con los damnificados.
Sin embargo, sucede que esa ayuda obligatoria, a nivel gubernamental, a veces, no llega y de llegar, no logra cubrir las necesidades básicas.
O se guarda recelosamente, vaya uno a saber por qué, en un galpón.
Tal como sucedió en las anteriores inundaciones de Santa Fe.
Inundaciones que produjeron un quiebre en el orden social y político de la provincia.
La credibilidad política, desde aquel entonces, se puso en jaque. Y los interrogantes y dudas que rondan la persona de quien por aquel entonces era Gobernador, no cesan. Al contrario.
Promesas sostenidas que nunca se cumplieron acabadamente.
De haberlas cumplido, hoy el campo, no sería lo que es.
Alejarse
Bajo estas circunstancias el desamparo deja de ser una sensación y deviene en una demencial realidad.
Las enfermedades no tardan en llegar y la destrucción de la moral colectiva pone en riesgo la estructura social. Es decir, los estragos de la naturaleza se conjugan con el aprovechamiento del hombre. De por sí, voraz.
Y a pesar de la resistencia que anteponen los inundados en no abandonar lo poco que les queda, deben hacerlo.
Están obligados a alejarse por el bien de ellos.
Paradigmas
Una constante argentina es, que las acciones no sean equivalentes a la retórica. Por tal motivo, los inundados también pierden la creencia hacia el otro.
Incluso, hacia el otro semejante, puesto que en este tipo de desgracias se pone de manifiesto la lucha entre pobres; la lucha entre quienes han podido salvaguardar algunos de sus bienes y los que no.
La condición humana en su construcción subjetiva cambia el paradigma vigente.
El de la desigualdad social.
Un paradigma que se entrecruza con el de la inseguridad.
La cual, se encuentra presente en todas las esferas de la vida.
Volver a empezar
Actualmente, miles de cabezas de ganado flotan por el río revelando la crueldad de la crecida y la poca previsión del sistema agropecuario.
Otras tantas, intentan sobrevivir como sea.
Se alertó con tiempo sobre la posible crecida del Río Paraná en diciembre del año pasado.
A pesar de ello, lo único que existió fue indiferencia, inoperancia. Desinterés.
Todo podría haberse evitado. No la crecida. Sí, el descalabro con los animales y las personas que viven de lo que el campo les da.
El Gobierno de Obeid tiene la obligación de dar soluciones.
Porque mientras ellos arrastran inoperancia, las inundaciones se convierten nuevamente en una pesadilla.
Pesadilla de entrerrianos y santafesinos. Ellos, que otra vez, tienen que volver a empezar.
Seguramente, con menos fuerzas por los golpes ya recibidos.
Con mayor desconfianza. Pero comenzar al fin y una vez que las aguas, comiencen a bajar.

A Portantiero

12 de marzo de 2007

Si buscamos un referente de la sociología argentina de los últimos años, inmediatamente se presenta el nombre del señor sociólogo Juan Carlos Portantiero.
Investigador y docente de vocación, supo explicar la sociología clásica de Emile Durkheim y Marx Weber como nadie.
Escribió sobre Gramsci un libro llamado, “Los usos de Gramsci.”
Y en este sentido, su aporte fue revelador, preciso y didáctico.
Intelectual por excelencia, Portantiero evidenciaba la humildad de los grandes.
Generoso al momento de impartir conocimiento, iba más allá para poder tener una visión más acabada de los hechos y fenómenos sociales.
Exiliado durante la última dictadura militar, reivindicó a la sociología como disciplina aunque también, como carrera.
A punto tal, de llegar a convertirse en un icono de la sociología de nuestro país.
No obstante, ayer me sorprende la triste noticia de que el eximio Portantiero había fallecido.
A sus 73 años y luego de una gran trayectoria, la comunidad académica, el campo intelectual, sus alumnos y todos aquellos que lo conocieron, sienten profundamente su muerte.
Juan Carlos Portantiero, físicamente se ha ido pero su conocimiento de la historia, la cultura y la sociología en la totalidad de sus aspectos, continuarán transitando por las aulas y los pasillos de la Facultad de Ciencias Sociales.
Por el Instituto de Investigaciones Gino Germani y por todos aquellos espacios que supieron cobijarlo.
Quedan sus escritos.
Y por supuesto, el recuerdo de un hombre con el cual, se podía o no coincidir ideológicamente pero jamás negar, su capacidad práctica y teórica.
Así lo recordaré. Mejor dicho, lo recordaremos.

El paraíso de los inocentes

1 de marzo de 2007

La frase de Sobisch y los que no lo dicen pero se identifican.
Es curioso como los individuos acomodan posiciones según sus conveniencias.
Sobre todo, en materia política.
Como se vuelven sujetos sujetados más allá del sistema que los cobija.
De encuentros y desencuentros; de alianzas y traiciones, se conforma el panorama político argentino. Aquel que nos sorprende al tiempo que nos desconcierta.
Que nos llama la atención, ya que no se entienden cuáles son los valores y los principios que rigen a todos aquellos que pretenden dirigir la Nación, la ciudad, el conurbano, etc.
Frases desafortunadas que pueden ser motivo de jocosidad y picardía en una charla de café, se vuelven intolerables para una sociedad golpeada.
Y no precisamente, como hace alusión el gobierno desde la dictadura del ’76 y los años ’90.
Desde mucho tiempo antes, Argentina, comenzó a asistir a una debacle que se caracterizó por tener períodos de estancamientos, luego de despunte.
Y otra vez, abajo. Períodos cíclicos.
Lo ficticio ha sido gran parte de nuestra historia.
A la que hoy se suma, la retórica oficial de la venganza y el resentimiento.
Discursos que pretenden ser alegóricos a través de un juego ambiguo que invita a la “oposición” y a quienes no acuerdan con el gobierno de turno a la violencia.
Porque la violencia no es una acción privativa de la fuerza física. Va mucho más allá.
Es un estado que puede ser más doloroso cuando es verbal.
Así, es como los argentinos vivimos en un caos de dimes y diretes. De me dijo, le dije, le digo.
De inestabilidad, debido a la falta de claridad y sentido de todo los que quieren entrar en la movida electoral.
De los que ya están pero que no saben si ir por la capital, la provincia o la nación.
Aunque la apatía, también se hace presente.
Y se evidencia en todo su esplendor cuando la “oposición” es débil.
En algunos casos, hueca. Hasta volátil.
Todos contra Kirchner, y Kirchner, contra todos.
Esa es la dinámica.
Pero vale destacar, que es el ritmo que impuso éste gobierno mediante la soberbia jactanciosa. Por ende, ahora, hay que sobrellevar las críticas y ser consecuente con lo que se supo decir si se adolece de la capacidad de saber reconocer errores y pedir disculpas.
Por ejemplo; Sobisch, precandidato a Presidente y actual Gobernador de Neuquén dijo:
“Puede ser mejor un corrupto que un pelotudo.”
Una frase interesante para la Argentina de nuestros tiempos.
Porque si bien la corrupción ha existido siempre, de un tiempo a esta parte, se ha profundizado.
Sucede, que es menos brutal cuando el discurso se escuda en el populismo que devino en progresismo.
Una frase poco atinada para un precandidato pero que en cierto modo refleja lo que piensan y comentan en el ámbito de lo privado las personas que trabajan más de nueve horas por días por un sueldo que no es superior a los 1200 pesos.
Estudiantes universitarios que trabajan por un sueldo de, a lo sumo, 500 pesos.
Tal es lo que suelen pagar algunos estudios de abogados a sus secretarias. Y todo, en negro.
Mientras otros, tal vez no corruptos pero con otra suerte y contactos, logran muchísimo más y en menos tiempo.
Las diferencias son abismales.
Lo mismo que la brecha entre los que tienen y los que no tienen.
La declaración de Sobisch, tal vez, sin quererlo, es la declaración que personas no públicas piensan. Razón por la cual, la misma, puede enfocarse desde otro punto de vista que no sea el de defenestrar por escrito y verbalmente al candidato.
En tal caso, directamente, no se lo vota.
Y una vez más se demuestra, que cuando el pensamiento está bien arraigado, es decir, hasta la convicción, es difícil de frenarlo en la oratoria.
En síntesis, horrorizarse no es el camino.
Tengamos en cuenta que el actual gobierno de los derechos humanos no es precisamente el paraíso de los inocentes.
A pesar de que se empeñen en hacerlo creer.
Todos los políticos tienen alguna frase que los condena. Si no las saben o recuerdan, lean la nota publicada por el espacio digital Urgente 24 sobre los dichos del neuqino.
Porque el paraíso de la pureza y la inocencia no tiene cabida en la Argentina de los tiempos modernos del kirchnerismo.
Como tampoco la tuvo antes.
Y seguro y tristemente, tampoco ese paraíso existirá de seguir por esta vía.
La del eterno pasado culpable.
 
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