Dieléctica de lo masivo

El papel de la televisión en la vida cotidiana.
Segunda parte de Cultura de masas.
De un tiempo a esta parte, los medios de comunicación se han masificado notoriamente.
En algunos casos de manera auto referencial y en otros casos, a través de un sistema de ideas copiado del exterior y adaptados a la sociedad de consumo correspondiente.
El medio que se ha caracterizado en esta escala masiva, ha sido la televisión. Aunque la radio también ha crecido sustancialmente a pesar de ser uno de los primeros medios en circulación.
Debido a esto, se conforma una cultura de masas que dista de ser designada con ese nombre de manera peyorativa.
Porque en contraposición a lo que sucedía en las sociedades tradicionales, la cultura de masas de los tiempos modernos no es superficial y mediocre.
Es, sin más, un tipo de cultura que ha trascendido lo que antes podía considerarse una elección vulgar o simplista.
Una cultura popular que vive bajos los ritmos acelerados de la globalización, subiéndose a la vorágine de la misma para intentar no quedar relegada y buscar, al mismo tiempo, escapar de los conflictos e imponderables de la vida cotidiana frente a un televisor.
A penas por un par de horas y a modo de pasatiempo.
Todo ello, más allá de que en ese escape, se releguen argumentos y calidad.
Razón por la cual, estas cuestiones obligan a los investigadores y observadores sociales, a replantearse la perspectiva crítica de este tipo de cultura.
Entre otras cosas, la revisión debe darse como consecuencia de que actualmente, la televisión en general y los programas de corte banal, son consumidos por todo tipo de personas.
Personas, que forman parte de distintas clases sociales. Entonces, el empobrecimiento del gusto, en materia de medios, ya no es privativo de las denominadas clases bajas o subalternas.
Al contrario, la nivelación hacia abajo debe atribuírsele a toda una nueva cultura híbrida que ha construido un tipo de subjetividad particular y que modificó las formas de actuar y pensar de los productores.
Hasta crear una nueva estructura de sentimiento que versa entre la elección racional de lo popular y el consumo exclusivo y menor, de ciertos productos de alto contenido intelectual.
Por lo tanto, lo que puede apreciarse a causa de los avances en materia de investigación y discurso, es la articulación de lo popular con lo masivo y de lo masivo con lo popular, haciendo a un lado aquella antigua visión de la degradación de las masas.
Es decir, una dialéctica de lo masivo.
Aquella que ha logrado convertir a los televidentes en conocedores de distintas culturas desde sus hogares.
Que ha interceptado identidades a través de viajes televisados.
Que se ha expandido a nivel mundial siendo, en muchos casos, una herramienta más de trabajo.
Y que sin duda alguna, ha servido para el sensacionalismo y la destrucción de muchos conceptos formados.
A veces para bien y a veces, por supuesto, para mal.
Así, se fue formando la televisión que hoy tenemos. Por lo menos, en Argentina.
Aunque también, en muchos otros lugares.
De ahí, que creer en la totalidad de todo lo que se ve y escucha en esta caja mágica imprevisible y previsible, es no haber entendido las reglas impuestas por los medios y las demandas de show realizadas por esta nueva cultura que se fue sumando a la antes despreciada cultura de masas.
Y que tuvo como resultado, la conformación de la cultura híbrida.

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