Estilo corrupción

Una actividad mundialmente conocida.
Origen de la palabra
Si nos detenemos en el origen de la palabra corrupción encontramos sus raíces en la antigua Grecia. Allí, dónde Tucídides y Aristóteles debatían el problema del orden como consecuencia de la enfermedad por la que atravesaba el cuerpo político de aquel entonces.
Decadencia del orden político y moral que expresa un sentido de descomposición o perversión.
Socialmente, una conducta corrupta es aquella que se desvía de las normas vigentes.
Y en Argentina, de desvíos, se conoce bastante. Porque si bien se carece de un marco teórico preciso, producto de la falta de investigaciones científicas, carencia de estadísticas y bibliografía específica abundante, las informaciones diarias demuestran que la sociedad argentina cuenta con altos índices de actividades corruptas.
Carácter sociológico de la corrupción
Sucede que la corrupción, además de un problema sociológico, representa un problema filosófico, ya que muchas prácticas que son consideradas corruptas por unos, son bien vistas o naturales por otros.
Ello depende, en gran medida, de la ética de la moral y los valores.
Históricamente, se ha impuesto una moral básicamente cristiana.
Aquella que condena todo este tipo de actividades y que se ha instaurado como religión universal y patriarcal.
Pero paradojalmente, la Iglesia como institución, no se encuentra exenta de la comisión de actos corruptos o que infrinjan la ley.
Un ejemplo de ello, es CARITAS.
Agrupación que trabaja para los pobres y cuando reciben las donaciones de indumentaria de los fieles o simples almas solidarias, buscan entre las bolsas algo con qué quedarse.
Damas que se precian de su vocación por ayudar a los más necesitados escapan a la verdad o están al acecho por sacar ventaja de algo.
Sin importar que los costos, los paguen otra vez, los pobres.
Entonces, corrupción encontramos en diversos espacios.
La misma no es privativa de la esfera política.
Tiene vínculos con la esfera económica, cultural y social.
Y el planteo también reside en saber si la corrupción es individual o colectiva.
Cuando en realidad, la corrupción proviene de ambos lados hasta llegar a establecer una relación dialéctica.
Puesto que de no existir individuos que se presten a la corrupción, la corrupción colectiva no existiría. Aunque suele suceder que algunos individuos prefieren operar solos para así evitar la complejidad de los mecanismos que poseen todas las corporaciones y organizaciones.
En otras palabras, evadir el reparto de lo obtenido.
Dentro de lo que es la corrupción política, en Argentina se denuncia hasta el hartazgo, que todos los gobiernos de turno son corruptos.
A medida que los gobiernos pasan, la corrupción, parece incrementarse y acentuarse como un estilo más, de aquellos que ocupan cargos públicos.
Sin duda alguna, la corrupción forma parte de la vida. Razón por la cual, más que denunciar, es preciso hacer y educar.
Por otro lado, la corrupción económica es aquella tan usual y concreta.
Tal vez un poco menos prolija y obvia. O sea, cuando el cargo del funcionario público deviene en un negocio y los ingresos buscan maximizarse para el bienestar social y no individual.
Pues la anomia existente en nuestro país contribuye a la proliferación de la corrupción porque crea un espacio propicio para su impune desarrollo.
Claro está que hay otros factores de incidencia. Aquellos que tienen que ver con la condición humana misma.
En síntesis, la corrupción en términos morales, es un problema de moral individual y colectiva.
La corrupción del sistema (macro) invita a corromper al individuo (micro), o bien a acoplarse al sistema. Como se dijo, es algo absolutamente dialéctico.
Los intereses particulares entorno a la corrupción se deben en primacía, a la acumulación de poder y al obtener por una tercera vía, lo que no se puede adquirir legalmente. En algunos casos por trabas burocráticas y en otros, por ir contra la norma establecida.
De este modo, la corrupción afecta los deberes de función al tiempo que los intereses colectivos y la moral social. (Olivera Prado)
Algunos ejemplos de Corrupción
Según fuentes:
-El 70% de los argentinos paga coimas a la policía para evitar multas.
-El 68% miente cuando declara ganancias y bienes.
-El 65% compra artículos que saben son robados.
-Y otro porcentaje suele llegar a arreglos para evitar los debidos procesos judiciales.
Eso demuestra que el problema es de orden global dialéctico. Es de quien lo hace y de quien o quienes lo permiten.
Sin discriminación
Sin duda, la corrupción nada tiene que ver con el capital cultural que una sociedad posea.
Al contrario. Creer que se es más corrupto porque se tiene menos es una falacia.
La corrupción, para ser más eficaz y alcanzar destinos exclusivos, requiere de poder. De un sabido uso de las facultades adquiridas y de lo aprendido, por ejemplo, en la función pública.
La corrupción se da en países del tercer mundo como en países del primer mundo y son muchas y diversas sus modalidades.
En definitiva, la corrupción no discrimina clases sociales ni espacios. Así, escuelas, universidades, financieras, empresas, asociaciones, clubes y gobiernos experimentan estas prácticas que conforman un estilo de vida. El estilo corrupción.
Reconocimiento selectivo
En contraposición a las cifras de la comisión de los actos más arriba mencionados, la mayoría de los argentinos niega cometerlos. Es decir, según los argentinos, ellos, no son corruptos.
Reconocerlos, sería admitir la propia decadencia a la que asiste nuestra sociedad que no puede salir de la trampa que ella misma supo construir y cuyos antecedentes van mucho más allá de los años ’70 y ’90.
Mientras aceptar tal o cual cosa no vaya en detrimento de los propios intereses, el individuo se somete al establecimiento de la verdad.
En cambio, si aceptar implica pérdidas, siempre, es preferible negar.
Hay una selectividad del reconocimiento propio de la parcialidad en la que se vive.
Incluso, todo aquello que puede hacerse por derecha, muchos, optan en hacerlo por izquierda.
Continuará

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