"La vida por Perón"

Pequeña reflexión sobre los sucesos de San Vicente.
Tomar distancia de los hechos es complicado. Porque lo sucedido en San Vicente entorno al traslado de los restos del General Juan Domingo Perón, ha sido un verdadero desastre.
Es ver, como la barbarie se apropia de la sociedad dejando de lado a la civilización.
Es sentir que estamos cada vez más lejos del necesitado siglo del perdón y que el siglo del miedo se prolonga. Es darse cuenta en imágenes lo perdidos que se encuentran muchos aquellos que se creen peronistas, cuando son en realidad, “abortos” de la política.
O bien otros, reminiscencias de la vieja política.
Aquella que busca esconderse tras un movimiento que nació con Perón y que con él, murió.
Pocos eran los que acompañaban sentidamente y bajo la nostalgia del peronismo ésta caravana.
Moyano supo decir que a la violencia se responde con más violencia.
En su retórica había odio, ansias de venganza y un lamentable sentido de pertenencia del poder.
Lamentable, porque en su discurso se vislumbraba el sentimiento de la impunidad que da la desmedida acumulación de poder. Aquel legitimado por un gobierno que defiende los derechos humanos en una Argentina en la cual, el derecho más violado, es el derecho a la vida.
Primer derecho humano por excelencia.
Bajo una batalla antológica de golpes, tiros e insultos, los restos de Perón aguardaban.
Los discursos no cesaban y la memoria de quien supo darle identidad a la clase trabajadora se vio violentada.
Así, la frase simbólica “La vida por Perón” se diluyó en sí misma.
Quedó claro que lo peor que tiene Perón son los peronistas.
Y que el acto "organizado" devino en una lucha por los conflictos existentes al interior de las organizaciones gremiales.
Una vez más, los argentinos asistimos a un acto de barbarie.
Una vergüenza nacional. Una situación en la que nuevamente, la regla, fue el abuso.

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