La sociología argentina en sus pensadores

Un recorrido teórico sobre los intelectuales argentinos en el tiempo.
Segunda entrega de Historia de la sociología argentina.
Nociones preliminares
Antes de las primeras guerras por la independencia, el discurso de Rousseau, así como otras cuestiones provenientes de la Europa moderna, hacen eco en algunos de los intelectuales de América Latina que más tarde llegarán a otros sectores de la población, produciendo la posterior formación de la identidad latinoamericana.
Este fenómeno, fue interpretado de diferentes maneras.
Por un lado, como condición para salir de la barbarie e iniciar una nueva etapa, según la visión de Sarmiento y Alberdi; y por otro lado, fue visto como una amenaza a la verdadera identidad de "Nuestra América", según la visión política de Martí.
Quesada y Bunge en escena
Ernesto Quesada (1858-1934) inaugura la primera cátedra de sociología en la Facultad de Filosofía y Letras en Argentina.
Formado en Alemania, escribe un ensayo impecable llamado “Dos Novelas Sociológicas.”
Admirador de Bismarck, inaugura la sociología académica en Argentina, defendiendo el status de la misma como la síntesis de las demás ciencias sociales.
Su orientación estuvo ligada al positivismo de Augusto Comte (1798-1857) y al evolucionismo spenceriano. Más tarde fue un divulgador de la teoría relativista de Oswald Spengler, cuyos estudios introducirá en el país.
Defensor entonces de las ideas de Comte, escribió un libro sobre él al que le sucedieron otra serie de artículos y ensayos.
Preocupado por las relaciones entre Comte y Herbert Spencer (1820-1903), realiza un estudio minucioso y complejo.
Tanto es así, que incorpora el pensamiento de Charles Darwin (1809-1882) para completar la divulgación de la teoría evolutiva.
La formulación que hace de la misma, es claramente explicada por Enrique Marí: “(...)la teoría de Darwin vino a quedar como parte integrante de la teoría general de la evolución en las líneas spencerianas, pues en tanto el primero se ocupa desde el punto de vista estricto de la ciencia, Spencer amplía el radio de la teoría y la concibe como solución general.”
Pues para Quesada, Spencer, recoge un vacío.
Extendiendo la teoría evolutiva al terreno sociológico. Haciendo servir al pasado y al presente de los fenómenos sociales como elementos de experimentación y comprobación.
A través de la obra de Spencer, la doctrina de Darwin, triunfa en el mundo filosófico gracias a su inmediata aplicación a la sociología.
Quesada, como columna vertebral de la sociología en Argentina y con impronta de investigador escéptico, buscó revertir aquella demonización liberal del período de Juan Manuel de Rosas mediante su formación germánica.
Pasó por diversas temáticas.
Entre las fundamentales, se encuentra el tema del idioma nacional.
Un tema base, discutido en los círculos de pensadores e intelectuales argentinos.
Porque el lenguaje, conforma, entre otras cosas, la forma en que el hombre, en cuanto ciudadano nativo, tiene de presentarse ante el mundo.
Ahora bien, en contraposición a Quesada, encontramos la figura de Carlos Octavio Bunge (1875-1918). Quien desarrolló una labor intelectual ciertamente destacada en Argentina. Labor, que llegó a extenderse a gran parte de Latinoamérica y también, de la mano del positivismo.
Una de sus principales obras en las que alberga un conocimiento sociológico esclarecedor es, “Nuestra América y Principios de psicología individual y social” (1903)
Desde el darwinismo, buscó explicar el comportamiento de las sociedades latinoamericanas frente al inminente proceso de modernización, producto, entre otras cosas, de la inmigración.
Cultivó un biologismo aristocratizante bajo la elegante prosa de quien fue visto como un “literato a escondidas” y un “superhombre nietzscheano” por Quesada.
La complejidad de su pensamiento se debe a la gran cantidad de teorías de las cuales se nutrió, aunque principalmente, se desliza el preciso factor de decantación de ideas, situado en torno al organicismo social y el racialismo.
“Bunge se valió de las ideas de Wheeler para armonizar la “Teoría de la evolución” con el organicismo social, participando así de una búsqueda que preanunciaba la emergencia de peligrosas legitimaciones biológicas para Estados corporativo.
Como también, prolongaciones científicas de pretendida autonomía que llegan hasta los actuales planteos sociobiológicos.” (Miranda- Vallejo; 2004)
El organicismo aparecía como un elemento eficaz para comprender los fenómenos sociales. Una vez lograda esa meta, el siguiente paso, era descubrir el alma nacional.
Continuará

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