De profesión, negador

Cuando la irresponsabilidad de los seres humanos predomina y el desamor hacia los hijos es jactancioso.
El caso del triste mito argentino. Diego Armando Maradona y la insoportable levedad del ser.
Teorías Sociológicas
Las teorías sociológicas nos permiten comprender, de manera más acabada, el narcisismo del “señor” Diego Armando Maradona y la falta de conocimiento de quienes lo han erigido como la mano de Dios en la tierra
Dos teorías que refieren a la construcción subjetiva del individuo desde la objetividad.
Karl Marx (1818-1883) y Max Weber (1864-1920)
Representantes del pensamiento social, develan algunos por qué de la condición humana.
Mientras el primero fue, un pensador revolucionario comunista, el segundo fue, un sociólogo alemán.
A diferencia de Marx, Weber, no tuvo un concepto de clase tan rígido. Para este último, la posición de cotizar en el mercado era lo que hacia que se perteneciese a una clase u otra.
Por su parte, Marx, establecía que a partir de las relaciones de producción se podían definir las clases sociales.
Es decir, para Marx, se podía pasar de clase, y para Weber, no.
El Caso Maradona
El fenómeno Maradona es inagotable y complejo
Su supuesta mejoría y la vida en la casa de sus padres no bastan para que el otrora diez se calme. Al contrario.
Por una u otra cosa, los escándalos entorno a su persona son cotidianos.
Siempre se sabe algo de él y de los hijos que tiene por el mundo sin reconocer.
La complejidad del fenómeno reside en la sociedad que fomentó, de manera ignorante, a ese hombre.
Porque como todos los ídolos, Maradona, es una construcción social.
Un “monstruo” creado por la sociedad. Una sociedad, que bajo la carencia de sentimientos de pertenencia concretos, se sujetó al personaje de Diego Maradona.
Y si de personaje se habla, es porque darle identidad de persona es demasiado. Puesto que su manera de presentarse ante el mundo, adolece de un sentido de honra por la vida.
Por otra parte, la memoria selectiva de nuestra sociedad, hace que se recuerden sus goles y la felicidad ocasionada. Al tiempo que se olvida, que también por él, nos echaron de un mundial.
Olvidamos su frase: “La pelota no se mancha”
Y si la pelota no se mancha ¿qué hizo durante años, el “señor” Maradona?
Buen jugador de fútbol aunque pésimo deportista, Maradona sigue siendo solicitado y codiciado para ser entrenador de equipos de fútbol. Lo cual, es extraño.
Él, no puede ser ejemplo de nada.
Sin embargo, con la impunidad socialmente otorgada y un cinismo característico, entra en escena con toda su impronta pasada. Así, niega la existencia de hijos.
Reconoce solamente a sus dos hijas, fruto del matrimonio con la señora Claudia Villafañe.
Sobre los demás no dice nada. Mejor dicho, los niega y los bastardea con la indiferencia.
Lo cierto es, que su esencia es impura.
No tuvo una preparación psíquica y educativa para sobrellevar el clamor popular.
No logró comprender las reglas del juego mediático.
Razón por la cual, Maradona en esencia, se quedó en Villa Fiorito.
Logró ascender económicamente pero no pudo alcanzar el ascenso social.
Esto último, no lo desmerece, simplemente, forma parte de su nulo instinto de superación intelectual.
Refleja un estado de segmentación del pensamiento y una forma de ser que no sólo es perjudicial para él mismo sino también, para el prójimo. Devastadora para esos chicos que cuando parece reconocerlos, en lugar de hijos, los llama errores.
Maradona, un hombre vacío de sensibilidad.
Indiferente ante la vida nueva que supo concebir.
Un ser que idolatra al Che Guevara y Fidel Castro. Que se compromete con los indígenas Wichis pero a la hora de sufragar lo hace por el señor Mauricio Macri.
¿Contradictorio, no?
Lucra con haber sido el diez del fútbol argentino.
Legitimado por gran parte de la sociedad argentina y también del mundo.
De haber capitalizado el mundo caminado, se llamaría a silencio por respeto, ni siquiera, por caballerosidad.
Reconocería a sus hijos. Hijos que en su momento, fueron mantenidos confidencialmente por Guillermo Cóppola en acuerdo con Maradona.
Reconocer por ejemplo, al hijo que tiene en Italia con la señora Cristiana Sinagra, a la hija que tiene con la señora Laura, ex camarera de un boliche bailable y ahora radicada en España, y a otros tantos hijos que off de record se sabe que tiene.
Como al hijo que dicen está esperando con su nueva novia Verónica.
Habitante de Fiorito y con quien supuestamente alcanzó a superar el rechazo de Claudia.
Verónica, la mujer que lo acompaña de un tiempo a esta parte.
Y que según información irreprochable de la periodista Marisa Brel en “Los profesionales” está embarazada.
Por supuesto, Maradona lo niega.
Independientemente de la existencia de un video en el que se lo puede ver y escuchar a él reconociendo y anunciado ese embarazo “Quedate tranquila mamita que no pasa nada, vamos a tener un bebé.” Claro está, que también se la ve a ella.
Entonces ¡Cómo creerle!
Maradona vive subestimando a un público demencial que se deja bastardear por el recuerdo de los goles. Aquellos que los hicieron vibrar y gritar.
No se debería olvidar, que además del fútbol, el deporte predilecto del ex diez, es la jactanciosa negación de hijos.
Lamentable ídolo
La preparación para ser ídolo y posicionarse en un alto lugar, deber ir acompañada de otros condimentos. De ahí, la peligrosidad de algunas construcciones sociales.
Nocivas, no solo para la persona ponderada, sino también, para el resto.
Para las generaciones venideras.
Las extremas demostraciones de amor hacia sus hijas son bellísimas. Actitudes bellas para ellas, pero crueles para los otros. Para los hijos fruto de una noche de drogas y alcohol.
Diego Armando, el hombre que con tal de salir “limpio” de sus burdas acciones fue capaz de hablar horrores de su hijo italiano en su programa de televisión “La noche del diez.”
Cualquier cosa con tal de disimular y negar.
Hasta la difamación. Sumada a una gestualidad, que versa entre la sorpresa y el asco.
Así es Maradona, el lamentable ídolo de los argentinos. De profesión, negador.

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