Guerra, sociedad y medios


Medio Oriente y la cobertura de los medios.
Imágenes escalofriantes suben el rating, aumentan las tiradas e incrementan las entradas a los medios digitales
en una sociedad de consumo posicionada.
La guerra en la región despierta interesantes y controversiales discusiones que trascienden los círculos intelectuales debido a la complejidad del problema.
Las opiniones, claro está, no son homogéneas.
Encontradas y dependientes de cuestiones ideológicas, tampoco escapan a lo religioso.
Además, encuentran estrecha relación con la condición humana.
El tratamiento de los medios influye en las representaciones que los individuos poseen sobre la guerra. Porque la esencia humana tiene una cuota de morbo que versa entre el sensacionalismo de las placas coloradas de letras blancas que publica Crónica TV y las imágenes de la barbarie que muestra Rolando Graña.
Niños muertos, casas destruidas.
Bombardeos; el sonido aéreo anunciado la situación tan temida.
Los rastros de la guerra.
Una guerra que espanta en imágenes al tiempo que se reclaman.
Porque las mismas serán la tapa de un semanario, de un diario.
Serán las imágenes más estremecedoras del noticiero del horario central.
Y las preguntas sin respuesta primarán.
Los por qué de una guerra con derramamiento de sangre son difíciles de explicar.
Aunque existe una historia que nos ayuda a comprender más acabadamente las causales de esta guerra interminable.
Árabes y judíos enfrentados se fueron convirtiendo con el correr de los años en sujetos sujetados a la barbarie. Y los medios se hicieron eco, ya que deben informar.
Ocurre que la guerra, se vuelve, en los medios gráficos, radiales y televisivos, algo más que una información que data de varios días. La guerra se convierte en puntos de rating, en primicias. Y hasta en análisis que vislumbran la postura de quienes los hacen.
Lo cierto es, que todas las guerras terminan siendo un negocio redituable para los medios que se encargan de buscar la imagen más cruenta para la portada gráfica o para los avances televisivos.
La mayor parte de los integrantes de la sociedad argentina tiene su propia visión acerca del conflicto.
Una postura que no deja de tomar partido por alguna de las partes, coincidiendo, igualmente, en la catástrofe que se vive. Algunos integrantes de ambas comunidades expresan el repudio hacia la guerra.
Sin embargo, ello no basta para que la misma termine y dada la historia, surgen las dudas acerca de la sinceridad.
Oriente Medio, cuando no se encuentra en guerra explícita, asiste a una potencialidad bélica que convierte a la región en una brutal zona de conflicto. Allí, todo puede desatarse en segundos y los medios se encuentran a la espera.
Los corresponsales de guerra arriesgan sus vidas.
Ellos no están exentos de morir en la cobertura. La tarea, no es nada sencilla.
Deben enfrentarse, entre otras cosas, a las limitaciones de los grupos que defienden las fronteras y las poblaciones. Cruzarlas, cuando por ellas mismas se desatan los conflictos es complicado.
Todos son sospechosos. Incluso, los periodistas, puesto que tienen que sortear varias dificultades para poder lograr el trabajo deseado.
Captar imágenes reveladoras o "la imagen" se vuelve una odisea.
No obstante, abundan las imágenes de quienes escapan; de quienes resisten; de quienes pelean y sobreviven. De quienes luchan y mueren.
Las imágenes de los refugiados. La tristeza de las mujeres y la inocencia de los niños.
La lucha por el territorio y los ideales. Un Dios que señala.
Las pistas que los medios dicen deben seguirse. Y los cadáveres.
Alianzas y traiciones. Recriminaciones y una total falta de conciencia sobre el valor de la vida.
El que se reconoce argentino y el que solo se reconoce por su religión.
Una sociedad que señala y un muro de los lamentos erigido en pleno centro de la Capital Federal pidiendo por la paz. Aquella que no puede lograrse.
Que solo se presenta como un fetiche de la guerra.
Los gobiernos de los distintos países de Europa y América toman posición y reciben el reclamo de una u otra comunidad.
Estados Unidos en alianza con Israel y auto calificado de anti terrorista, lejos está de mediar para el cese del fuego.
El anti semitismo crece. Lo mismo que la demonización del Islam en la región y otros lugares de occidente. No obstante, e independientemente de las diferencias existentes con la cultura árabe, muchos argentinos se solidarizan con ellos.
Los judíos siempre han sido presentados por los medios como víctimas, olvidando su pasado terrorista.
(Ver nota Irgún y Hezbollah en http://www.lauraetcharren.blogspot.com/)
Ahora, el velo comienza a correrse. Y ni ellos son tan víctimas, ni los otros tan terroristas.
Basta ver las imágenes del enseñamiento y escuchar los debates para darse cuenta que el diálogo no es abierto. Y los periodistas, tienen su posición tomada.
Majul se molestó con el representante de la comunidad judía -el día domingo en su programa “La Cornisa”- debido a la agresividad y el desparpajo con el que éste se expresaba y justificaba la guerra.
Por otro lado, al señor Gelblung se lo amenaza.
Desde la izquierda reaccionaria como desde otras organizaciones que representan los ideales del Islam, se lo quiere escrachar por su mirada independiente acerca del conflicto.
El sheij Mohsen Ali -titular de la Casa para la Difusión del Islam- calificó al periodista de vocero del Estado de Israel.
Sin embargo, Samuel Gelblung, recibió gran cantidad de llamados solidarios.
Quienes escuchan su programa en Radio 10 y lo siguen en televisión conocen su alto nivel de provocación y la visión particular que posee hasta de los actos más cotidianos y banales.
El caso del periodismo digital dista del resto, ya que es el que más se atreve a definirse sobre el desastre infundado que Israel desató. O bien, legitimarlo.
IAR Noticias realiza una cobertura sin desperdicio alguno, lo mismo Red Voltaire y BBC Mundo, entre otros tantos medios digitales.
Y son estos medios los que más se atreven a decir que si no hubiese sido sobre la base del terrorismo y la limpieza étnica, el Estado de Israel no existiría.
Pero la selectividad del terrorismo también se hace visible en los medios.
Ello se debe al juego de poder que libra la guerra y a los intereses que se encuentran en jaque.
No sólo para las sociedades insertas en la guerra se es terrorista cuando te atacan, lo es también para las sociedades que fuera de la misma toman partido. Entonces, el eclecticismo de los medios en sus distintos formatos invita a navegar e investigar sobre los avatares históricos en la región. Hay de todo y para todos.
Además, es innegable la fuerte coptación e incidencia en la construcción de la subjetividad de los individuos. Principalmente, sobre aquellos que tienen construcciones intelectuales y de sentido ciertamente banales, propias de una cultura de contratapa.
El terrorista será siempre el enemigo.
Cuando dentro de los países, como es ahora el caso del Líbano, la gente prefiere etiquetarlos como grupos de resistencia. Eso pudo verse en las coberturas de gran parte de los noticieros de canales de aire y en declaraciones recogidas por el Diario La Nación, por ejemplo.
Pues existe una selectividad para calificar al terrorismo.
La sociedad y los medios poseen, ya sea por ignorancia, desconocimiento o mera voluntad, una visión paradojal y selectiva sobre la concepción del terrorismo que impide ver los alcances menos palpables y más trágicos de la guerra propiamente dicha.
Finalmente e independientemente de la selectividad, las distinciones entre árabes y judíos se encuentran a la vista, lo mismo que la visión que se tiene acerca de los mismos.

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