"El monopolio de la plaza"


D’ Elia y otros demonios
En la Argentina de nuestros tiempos, las bajezas humanas no tienen límites. Tal vez sean una profundización de las de siempre, pero lo cierto es, que de un tiempo a esta parte, el descontrol social y las disputas por los espacios, se han vuelto un problema cotidiano.
La controversia social que genera la figura del ingeniero Blumberg es indiscutida.
Lo mismo que los frentes que se organizan para contrarrestar su poder de convocatoria.
Desde el gobierno, al igual que desde algunos sectores de la sociedad, en el que pueden incluirse también, periodistas e intelectuales, se reprocha la marcha del 31 de agosto.
No se la desea porque se cree que la misma es la antesala de la candidatura de Blumberg a Gobernador por la Provincia de Buenos Aires.
Su accionar, suele ser confundido con el de algunos padres de las víctimas de Cromañon.
Blumberg cuestiona el orden social y lucha contra la inseguridad sobre la base de las ideas y el dolor. Creó la Fundación Axel, a la cual, todos pueden acercarse, sea para colaborar o denunciar.
Catalogarlo de selectivo es no conocer el movimiento de la Fundación y no entender que su lucha, ha dejado de ser personal.
Decir que por su posición económica le es indiferente la inseguridad que padecen los sectores más bajos de la sociedad, es no saber como continuar ensuciándolo. Criticarlo por recibir el apoyo de periodistas como Grondona y Neustadt; o de políticos como López Murphy, no tiene sentido alguno, ya que al mismo tiempo, recibe el apoyo de Castells. A quien precisamente, ahora, no se lo tildará de fascista.
Por eso, el boicot desde el gobierno, es lamentable.
Lo mismo que los reproches insólitos de ciertos fragmentos de la oposición. Como es el caso de la señora Elisa Carrió.
Quien se despojó de su inmenso crucifijo; mejoró su aspecto estético y de aseo pero continuó en el camino de la deformación de la teoría de la filósofa Hannah Arendt.
De haber entendido la teoría, la señora Carrió, no incurriría en errores fatales e invocaría a los autoritarismos de manera pueril.
Aquí, lo cierto es, que quieren tomar distancia de Blumberg porque lo consideran un monstruo que quiere bajar caprichosamente la edad de imputabilidad del menor.
Banalizan el pensamiento y segmentan el conocimiento. Razón por la cual, se atreven a decir que la plaza no es de quienes se esconden y reivindican el terrorismo de Estado.
Para ellos, la contramarcha es de la vida y la esperanza. Como supo decir D’ Elia.
Y aunque les pese, la de Blumberg, no dista de ser igual.
Si no, la vela encendida como símbolo de la vida no tendría sentido alguno.
D’ Elia, es un piquetero que devino extrañamente en funcionario kirchnerista.
Y Carrió, por si acaso, siempre, es contra hegemónica.
El piquetero declaró que la Plaza de Mayo solo es de las madres y las abuelas. Con ello, ninguneó a todo el resto de los soberanos. Cierra las puertas de la manifestación.
Desconoce al resto de los ciudadanos como integrantes de la sociedad.
D’ Elia, con su declaración incoherente, corta la libertad de expresión.
Una libertad, propia de los gobiernos democráticos e impropia para los gobiernos fascistas.
Entonces, si Blumberg es fascista, ya que según el piquetero político lucra con la muerte de su hijo para ser candidato, él ¿qué es?
¿Cómo se califica a un funcionario público que corta con una tijera el alambrado de un predio cerrado?
Si la marcha no se lleva adelante, se sentará un precedente que indicará, de manera implícita, que tampoco podrán acceder a la plaza, los mismos piqueteros y diversas agrupaciones políticas. Porque ellos, no son ni madres ni abuelas del dolor.
D’ Elia quedó hundido en el mar de sus declaraciones.
Siguiendo su absurda línea de “pensamiento” y sin quitarle valor a la labor de las madres y las abuelas, puede deducirse que los espacios públicos pueden ser monopolizados.
Así, la estación Avellaneda podría ser propiedad de los padres y familiares de los allí asesinados Kosteky y Santillán. Avenida Cabildo y José Hernández ser una vereda privada de los padres del chico asesinado Marcenac y así, sucesivamente.
D’ Elia demuestra ser un personaje impresentable de éste gobierno.
Su capital cultural es benévolamente paupérrimo y su vocabulario no sobrepasa el diez por ciento de un diccionario básico.
Claro está que utiliza frases aprendidas como lucha de clases, memoria social y palabras tales como fascismo, dictador, etc. Con ellas, cree ser más progre.
Teorías y palabras carentes de sentido, debido a su elemental falta de agiornamiento.
Aunque propias del básico saber de un piquetero deseoso por acumular poder bajo el discurso de protección a los pobres.
La contramarcha con la que amenaza y el intento de monopolizar la plaza, representan un acto de abuso. Acto que demuestra, una vez más, que la regla, es el abuso.
Ocurre que D’ Elia no considera que su accionar sea abusivo. Al contrario.
Esto se debe a que el poder, dejó de ser injusto. Ahora, le pertenece.
Hoy, la Argentina, se ha vuelto habitué de lugares comunes.
Quienes no acuerdan en nada con el gobierno, son fascistas.
Quienes discrepan solamente en algunas cuestiones, son vistos como simples opositores por deporte. Nada peligrosos.
Blumberg, en cambio, es un fascista que realiza apología del terrorismo.
Por supuesto, según la mirada del subsecretario de Tierra y Vivienda.
Y los piqueteros que se tapan los rostros y se manifiestan con palos ¿qué son?
Indudablemente, vivimos en la Argentina del abuso.
Se abusa del poder, de la palabra y se obstruyen los derechos.
Para gran parte de los funcionarios del gobierno de Néstor Kirchner, periodistas opositores, al igual que ciudadanos y algunos políticos de la oposición, son fascistas.
Y vale realizar la salvedad, puesto que no todos los funcionarios padecen de la misma debilidad mental. Todos, no son demonios.
Sin embargo, mientras se gestan alianzas y el delito condiciona las formas de actuar y vivir de los individuos, como buen ignorante, D’ Elia, se jacta de su desconocimiento constitucional.
Por lo tanto y como consecuencia de las notas que se han escrito en el blog sobre el tema, la frase de Bertolt Brecht, refleja, en cierto modo, la triste realidad y el manejo de los hilos sociales del poder.
“(…)Y sin embargo les rogamos: Consideren extraño lo que no lo es. Tomen por inexplicable lo habitual. Siéntanse perplejos ante lo cotidiano. Traten de hallar un remedio contra el abuso. Pero no olviden que la regla es el abuso.” (La excepción y la regla)

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