La huida


El detenimiento del pensamiento como funcional al estancamiento de la sociedad a través de la huida de la responsabilidad.
A los efectos de la desarticulación social y de la falta de superación de las mentalidades para evolucionar al compás del mundo globalizado, la sociedad argentina detiene su pensamiento empecinada en un aislacionismo imposible de concretar, ya que todo lo que sucede en el exterior, por una, u otra razón, nos afecta.
Y mientras la retórica oficialista versa entre la última dictadura militar y los años ‘90, hay un mundo que nos pasa. Tanto es así, que países desarrollados celebran los avances estructurales, tecnológicos, así como la creación de relaciones con ese resto del mundo.
Resto del mundo fundamental para seguir el ritmo del evolucionismo que debe producirse en las sociedades emergentes de la modernidad líquida.
Se asiste a un crecimiento sostenido de esas sociedades.
Sociedades que fueron superando el pasado tomando conciencia del mismo a través de una capitalización sana, tanto de lo bueno como de lo malo, y eliminando la venganza de todo qué hacer.
La responsabilidad del porvenir se transformó en la meta principal para pensar el futuro de sociedades golpeadas.
El desgaste en el otro y en lo pasado se recicló para transformarse en energía positiva y así crear un espacio propicio y fructífero para las generaciones venideras.
Lejos de todo esto, se encuentra la sociedad argentina, o por lo menos, gran parte de ella. Porque lejos de trascender lo malo, se lo profundiza con la legitimidad de un gobierno al que le es funcional ese modo de actuar, pensar y sentir social.
Y así, es como se establece una relación dialéctica cuyo eje es la venganza.
La clase dirigente se vale de la alegría mundialista para presentar un proyecto que le otorgue superpoderes al jefe de gabinete.
Aprovecha para aumentarse los salarios, por ejemplo.
No obstante, la sociedad encantada persiste en no dejarse quitar el velo que el gobierno defensor de los derechos humanos le ha puesto.
No se olvida del pasado. Detiene “convenientemente” su pensamiento.
Lo manipula y al igual que el gobierno, se olvida del compromiso argentino.
Vivir de la nostalgia por todo aquello que sucedió y por todo lo que pudo haber sido y no fue, es equivalente a la huida de la responsabilidad por lo actual.
Se evita el debate sobre los proyectos de un país a futuro.
Y en medio de lo único que no distingue entre clases, ideologías y partidos -el fútbol- se pone en práctica la irresponsabilidad, huyendo, tristemente, de la responsabilidad.
Pero esa irresponsabilidad, como siempre, posee el aval de una sociedad que con el correr de los años, seguramente, se volverá crítica. Porque la sociedad argentina se haya inserta en el círculo vicioso de la crítica sobre todo lo democrático que supo elegir.
Parece que lo que viene siempre es mejor que lo que se va, cuando lo que se va, llegó por la elección de una mayoría. Y se demoniza lo pasado, sea democrático o autoritario. Por ende ¿hasta que punto se puede confiar en el apoyo que otorga nuestra sociedad? Si sus apoyos no son consecutivos, son cambiantes y hasta oportunistas.
Lo individual prima sobre lo colectivo. Aunque colectivamente huyen de la responsabilidad de su propio voto.
Todos los gobiernos posteriores a la dictadura fueron mal vistos una vez que dejaron el poder. Nadie se hace cargo, todos escapan.
Mientras los de arriba llevan adelante la huida para mantener el monopolio del poder tan buscado e injusto cuando no les pertenecía; los de abajo, realizan la huida para no asumir los equívocos que nos convierten en una sociedad selectiva para todo.
Para juzgar, etiquetar, recordar y olvidar.
Sin una línea de pensamiento coherente; sin construcciones de sentido claras; sin lazos de solidaridad sólidos; y precaria en la toma de conciencia.
La huida de la responsabilidad se manifiesta pues; en la homogenización, en la nivelación por lo bajo; en el horror por todo aquello que signifique diferencia.
O sea, en todo lo que ante los ojos del común denominador es políticamente incorrecto, o se pretende hacer creer, que así lo es.
En síntesis; la huida de la responsabilidad nos rige, independientemente que en su interior, el individuo, se encuentre con su propio engaño, enfrentándose a su verdad.

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