"El fallo de la esperanza"


Palabras más, palabras menos, así pretendió interpretar el fallo de La Haya la Secretaria de Medio Ambiente.
El tema de las pasteras, seguramente, se convertirá en uno de los tantos eternos conflictos de la Argentina con el mundo.
Con razón, sin razón o por capricho, la mesa de diálogo se ha convertido, de un tiempo a esta parte, en una utopía.
La medida cautelar solicitada por la Argentina ante La Haya no tenía posibilidad alguna de “triunfo.”
Desde que todo comenzó hasta ahora, se asistió a la crónica de un fallo anunciado.
Los vecinos de Gualeguaychú están profundamente indignados y el panorama no es para nada alentador. Mientras algunos quieren retomar la “lucha” de los cortes; otros, buscan debatir para intentar buscar nuevas alternativas que conduzcan a una posible solución.
Y también, se le “exige” al gobierno nacional un qué hacer.
Ahora bien, lo grave, además de la potencial contaminación de la que se habla, es la actitud de quien hoy dio a conocer el fallo.
En lugar de ser la Secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, parecía una evangelista intentando llevar consuelo a la Asamblea Ambientalista.
14 a 1 fue el resultado del tribunal.
No obstante, para Picolotti, el fallo era esperanzador.
Su retórica de esperanza se tornaba burlona. Hasta por momentos, irrespetuosa.
Como si el sin sentido si hubiese apoderada de su mente, impidiéndole pensar.
Tratando de justificar lo injustificable.
A punto tal, de caer en la subestimación hacia todos los individuos allí reunidos.
El fracaso fue rotundo.
De esperanzador y positivo, el fallo, no tiene nada.
Si las pasteras contaminan o no, deben definirlo especialistas.
Pero recordemos, que estamos en manos de la justicia y como siempre, todo llega tarde. Es decir, a la hora del lamento.
Tal vez, las pasteras no contaminen como se cree.
Y de contaminar, argentinos y uruguayos sufriremos las consecuencias, ya que el problema de las mismas nos afecta a todos, por una u otra razón.
Lo más acertado, sería resolver el problema bilateralmente, prescindiendo de patéticas prédicas fantasiosos y dejando de lado las diferencias "ideológicas" de las que tanto se hablan.
En La Haya, el proceso se dilatará demencialmente, las confrontaciones serán cada vez peor y la tensión entre los países vecinos se incrementará progresivamente hasta rozar la puerta de la violencia.

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