El siglo del perdón


En la medida que las gobiernos continúen transitando por el camino de la venganza, difícilmente se pueda asistir al siglo del perdón.
La sociedades atraviesan una crisis de identidad de suma importancia. Y la argentina, no está exenta de esta crisis, al contrario.
La crisis de nuestra sociedad es muy profunda, puesto que su tejido social se encuentra quebrado desde hace muchos años.
Los cambios que se producen convierten a las sociedades en sociedades de cambio. Eso hace que la liquidez protagonice en lo cotidiano las transformaciones que se producen al interior de la conformación de los grupos de poder.
Los odios, las ansias de venganza y la meta indiscriminada de acumulación de poder de los de arriba, genera el descontrol de los de abajo, dividiendo, aún más, a la sociedad.
El perdón parece estar cada vez más lejos de la reconstitución de las sociedades modernas. Tanto es así, que suele confundírselo con las disculpas.
A partir del inicio de la mundialización, individuos; comunidades enteras; corporaciones de profesiones; religiosos; y jefes de Estado piden perdón.
Ocurre que pedir perdón, suele ser, para muchos, un deporte.
Hacen sin pensar y cuando las consecuencias ayudan a continuar con el declive social, el perdón se hace presente. Pero pedir perdón, entre otras cosas, implica no repetir.
También requiere del inicio de una nueva etapa basada en el olvido. Pero para olvidar, antes, es necesario recordar para así poder llegar al perdón.
Es decir, se puede sintetizar la idea en un triángulo compuesto por el recuerdo, el perdón y el olvido.
Pues el arrepentimiento de quienes hicieron el mal para lograr el perdón precisa, como dice Jacques Derrida: “Una urgencia universal de la memoria.”
Es necesario volver al pasado para comprender este presente que tiene su impronta.
Y si perdonar no es fácil, pedir perdón, tampoco lo es.
Fundamentalmente cuando se vive en un mundo donde el egoísmo se ubica en el centro de la escena de las relaciones humanas.
Pues el perdón necesita, inexorablemente, de una auténtica toma de conciencia.
De lo contrario, se tiende un velo para evitar la contestación, el debate y el señalamiento social.
Porque como alguna vez dijo Saramago, en el mundo existen dos grandes superpotencias; la primera, es Estados Unidos y la segunda, es la opinión pública.
Lo que hoy se hace en Argentina nada tiene que ver con la construcción de un proyecto de país a futuro, ya que cada discurso se encuentra cargado de una intensa critica sobre los años anteriores. Y en esa critica, se desgastan energías, demostrando que los que fueron continúan siendo más importantes que el país a conformar.
Se especula con la barbarie de los años‘70 y en la retórica predomina el rencor hacia los ‘90. Así, lejos estamos de construir verdaderas identidades.
Es más, bajo esas criticas demagógicas, muchos son engañados creyendo que nos encontramos ante la presencia de un gobierno que posee una sensibilidad diferente. Sin embargo, el camino hacia esa sensibilidad tan deseada parece ser eterno.
Por lo tanto, la venganza, a través del recorte de la libertad y de la subestimación hacia las masas hace, que cada día, el siglo del perdón se convierta en una verdadera utopía.

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