Calidoscopio


Al ritmo de un gobierno que posee muchos datos de color, pero imposibilitado de terminar de afianzar una estructura en serio, se mueve la sociedad selectiva.
Venganza, acumulación de poder, perpetuidad en el mismo y demagogia, son algunas de las características del gobierno del señor presidente Néstor Kirchner que revelan, entre otras cosas, la gran soberbia que los rige.
Y parte de la sociedad argentina, parece acompañar.
Porque bajo el velo de la defensa de los derechos humanos; el tratamiento de la reforma del código penal; el repudio hacia los militares; y el recorte de la libertad de expresión a posteriori de haberse vertido alguna opinión contra el gobierno, se esconde la esencia más oscura de un gobierno desmedido en sus ansias de poder.
Con declaraciones funcionales a una sociedad quebrada en su tejido social y selectiva en el recuerdo y juzgamiento, el presidente de los argentinos, juega con el pasado, trayéndolo, una y otra vez, a la retórica discursiva.
Y los datos de color que los informativos suelen comentar, no son precisamente divertidos o buenos.
Datos que reflejan un tipo de presidente que adolece de protocolo y ubicación en algunos actos específicos.
Ser contestario, contra hegemónico y aislacionista por deporte, lleva a la Argentina a un estado de empobrecimiento cultural y relacional pocas veces visto.
El gobierno de turno interpreta al nacionalismo de manera errónea, al tiempo que se escuda de un progresismo que de tal, no tiene nada.
Economía de mercado y apertura mundial parecen malas palabras.
Como si se desconociese que en el mundo globalizado el intercambio es fundamental para el crecimiento y desarrollo de un país que, supuestamente, busca evolucionar.
O sea, deben considerarse las consecuencias de la liquidez que trajo la modernidad, puesto que aquel que no se sube a la vorágine del capitalismo globalizado, lamentablemente, queda relegado.
Y así, es como paulatinamente va quedando la sociedad argentina.
Un gobierno de colores compuesto por distintas piezas. Una estructura desestabilizada que se considera estable y una sociedad de cambio que en su continuo movimiento desarma la que parecía construido. Del mismo modo que sucede con las formas irregulares de un calidoscopio.
Las piezas de colores, a medida que el tubo se rota, cambian su forma.
Para que ello ocurra, la forma anterior se desarma y así continuamente, de lo contrario, el encanto del objeto no existiría. Es decir, todo parece armado, cuando en realidad, todo se encuentra desarmado.
En la Argentina del 2006 sucede lo mismo, ya que hay una sociedad encantada que comparte calidoscopio con el gobierno.
Patéticamente, funcionamos como tal.
Y aquel famoso “que se vayan todos”, quedó en la nada.
Hoy, tenemos más de lo mismo. Porque parte de lo que se demonizó en los ‘90 y durante el gobierno de la alianza, permanece.
Se van sumando. Como es el caso de Álvarez en el MERCOSUR de la eterna crisis.
Entonces, la Argentina de Kirchner no es ni más ni menos que más de lo mismo. De ese mismo que en teoría, no se quería pero que hoy se legitima por el lamento boricano de los ya trillados derechos humanos.
Memoria selectiva de una sociedad que se acuerda cuando el recuerdo no desmorona sus propias construcciones; cuando no derriba sus propias palabras y principalmente, cuando le conviene.
La sociedad argentina y su típica costumbre de: “me dijo, le dije, le digo.” Sumado al no me hago cargo y al por las dudas…

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