La muerte de Matías Bragagnolo, los medios de comunicación y la sociedad que señala


Cuando la muerte se vuelve objeto de debate, especulaciones y señalamiento
Todos hablan del caso de la muerte del adolescente Matías Bragagnolo. Y tanto hablan, especialmente los comunicadores sociales, que terminan confundiendo aún más, a los televidentes.
Entre especulaciones y teorías, los periodistas siembran más dudas de las que ya de por sí existen. Intentan, como lo hizo en su programa “La Cornisa”, el señor Luís Miguel Majul, reflexionar desde lamentables lugares comunes.
A partir de la construcción de un pensamiento crítico banal, el entrevistador entrevistado buscó movilizar la conciencia colectiva invitando a toda la sociedad al compromiso, a no mirar hacia el costado.
Claro está que debiera ser así, pero en nuestra sociedad como en muchas otras, los lazos de solidaridad se han quebrantado como consecuencia de la ruptura del tejido social.
Lo llamativo es, que el señor Luís Miguel llamaba al compromiso pero no desde el pensamiento espontáneo como debiera hacerlo alguien de su trayectoria, con oficio televisivo y radial. Patéticamente el pedido lo realizó en el comienzo de su programa dominical por medio de su editorial prácticamente leída.
No puede ser tan difícil verbalizar lo que se piensa cuando una convicción se encuentra tan arraigada ¿o sí? Porque Majul quería demostrar eso, un sentimiento de compromiso y de pertenencia social.
Por su parte, los dos periodistas que lo acompañaron, tenían más preguntas que respuestas.
Más tarde, exactamente una hora después, en el programa del Doctor Mariano Grondona -“Hora Clave”- también se reflexionó sobre la muerte de Matías. Allí, a diferencia de lo sucedido en “La Cornisa” el padre de Matías, el señor Bragagnolo, estaba en vivo.
Se habló de todo y las especulaciones continuaron, claro está que con una categoría mucho más elevada que la existente en el programa de Luís Miguel.
Y como el tema de la violencia juvenil se ha vuelto un tema central en los últimos tiempos, la mesa la completaron, una filósofa, un sociólogo y un rabino. Los planteos fueron interesantes, mientras la filósofa planteaba la clara devoración de generaciones, el sociólogo hablaba de la crisis familiar como célula de la sociedad y de la omnipotencia de algunos chicos, por ejemplo, los jugadores de rugby. Quienes escudados de físicos voluptuosos suelen armar grescas a la salida de lugares bailables generando todo tipo de desmanes.
Por su parte, el rabino apeló a la palabra divina. Intentó bajar un poco a tierra pero su condición de religioso no se lo permitió del todo. Tal vez porque sentía que sólo la palabra divina puede ayudar a un ser humano frente a tanto dolor.
La familia Bragagnolo, junto a un sacerdote amigo, rezó por quien mató a Matías. Para los ateos o agnósticos no tiene sentido rezarle a algo o alguien que no se ve. Para los racionalistas puros ese acto es literalmente incomprensible.
Los sensibles no pueden creer que el padre de Matías no se quiebre cuando habla. Nadie puede creer nada pero las cosas suceden. Se lo cuestiona tal como se lo cuestionó y cuestiona a Blumberg (padre de Axel)
Todos opinan de manera indiscriminada. Y en teoría todos podemos ser un libro soberbio de teorías y razonamientos pero en la práctica; en la práctica hay que estar. Hay que poner el cuerpo, ya que uno no puede saber verdaderamente lo que se siente hasta que le sucede, hasta que lo vive.
La imaginación existe. La aproximación al dolor podemos buscarla. Ocurre que sólo es eso, imaginación y aproximación; no es el dolor en sí mismo. Entonces, juzgar a la persona que sufre, es cruel. Puesto que ante un mismo hecho no todos reaccionan del mismo modo. Y las familias tienen pilares que las sostienen pero siempre poseen una cabeza. Esa cabeza debe dar soluciones o intentar, por lo menos, buscar posibles soluciones. Porque si la cabeza se cae, todo se desmorona. Ese es el caso del padre de Matías, del padre de Axel.
Dolor, impotencia, angustia y todos los sentimientos que conlleva el asesinato de un hijo invaden el interior del ser. Por ende, querer intervenir en la subjetividad del ser humano señalando sus formas de actuar, pensar y sentir es un grave error. Es el error, que junto con otras tantas cosas, nos lleva a ser la sociedad que somos.
Sociedad egoísta y descompuesta en sus vínculos.
Mientras Blumberg solicita que se amplíe la edad de menores para que sean imputables y así ponerle un freno a la violencia abusiva que los mismos generan; el padre de Matías rezó por el asesino de su hijo y busca la verdad sin querer traer más violencia.
A Bragagnolo padre se lo acusa de haber tenido un pasado turbio. A Blumberg se lo acusa de fascista y demagogo. Ellos son simplemente los padres y están aquí.
En cambio, los hijos de ellos no están y no van a volver. Por lo tanto, acusar de una cosa u otra a los padres no va cambiar la realidad, las vidas de dos inocentes no serán devueltas. Y si alguna culpa tienen o tuvieron estos hombres, son ellos quienes debían sufrir las consecuencias, no sus hijos.
Aunque ellos también pagan la muerte. Todos pagamos la muerte de cada chico que muere a diario en nuestro país.
Somos lo que reflejamos, y lo que reflejamos es dolor; vergüenza; egoísmo y facilismo.
El castigo debe ser claramente proporcional al crimen. De lo contrario, seguiremos en esta vía violenta. No obstante, para lograr el equilibrio se requiere de la depuración de algunos parásitos judiciales que burocratizan la legalidad.
En la Argentina como en el resto del mundo, el orden social establecido está en jaque. La violencia se propaga.
Desde los adultos hasta los menores; en espacios abiertos o cerrados, la violencia se apodera de las sociedades modernas gestando nuevas enfermedades y marcando el surgimiento paulatino de nuevos grupos delictivos, signados por la droga y por tener todo aquello que no se tiene.
La palabras son maravillosas y reveladoras. Sin embargo, no alcanzan para tener un mundo menos peor.

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